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La guerra de las tiaras: por qué la reina Camilla se enfrenta a Kate Middleton por el uso del joyero real

Author: mujerhoy


Elena de los Ríos

Algo chirrió entre Buckingham Palace y Kensington Palace en
el 75 cumpleaños del rey Carlos, poco después de que el monarca presentara su gran plan para evitar el desperdicio de basura en las casa británicas. El príncipe Guillermo ya había desvelado días antes uno de los propósitos de su reinado:
darles techo a los sin techo, construyendo vivienda pública en el terreno que herede de su padre.

El anuncio fue viral a nivel global: un éxito de comunicación absoluto. Por eso sorprendió, y mucho, que el rey Carlos III concediera su primera entrevista tras la coronación a la revista ‘Big Issue’, el equivalente británico de ‘La Farola’, el periódico de los sin techo españoles. Se visibilizó ahí de manera crudísima la
rivalidad que padre e hijo sostienen por el favor popular: sus oficinas no se dan tregua en su
lucha por la influencia y el poder.

No es ninguna tontería. La monarquía británica se la juega en el relevo de la añorada Isabel II. Tanto es así, que esta
rivalidad se traslada multiplicada a
la reina Camilla y Kate Middleton, pues las consortes se miden constantemente en público, con sus vestidos, sus peinados y sus joyas. La guerra eterna en los Windsor se lee, sobre todo, en su competencia.

Kate gana a Camilla todos los duelos de moda

En teoría, la princesa de Gales llevaba todas las de perder en su
previsible guerra con la reina Camilla por la relevancia, al menos en el terreno de las joyas. La monarca tiene la preferencia a la hora de elegir piezas y Kate Middleton ha de quedar necesariamente detrás. No es ningún drama: los looks de la madre de Jorge, Carlota y Luis
son inalcanzables para Parker Bowles, con lo que la inevitable guerra queda compensada.

Si la princesa de Gales barre a la reina Camilla en moda, esta debe
apabullar a su joven sucesora con las joyas. Algo que ha venido logrando en sus últimas cenas de gala gracias a la
acumulación de grandes piezas, las más importantes del joyero de la Corona británica. Su presencia resulta impactante incluso cuando luce la tiara Greville, su favorita y la que más veces se ha puesto.

La imponente tiara de rubíes que la reina Camilla estrenó en la cena de gala en honor al presidente de Corea del Sur, en Buckingham Palace. (FOTO: D.R.)

La tiara Greville puede ser la más regia del joyero real, a excepción de la icónica tiara de diamantes. Legada a la Reina Madre por Margaret Helen Greville, millonaria pero hija de un empresario de la cerveza, tenía ya
tres líneas y media de panel de abeja, pero la reina Isabel ordenó añadirle seis hornacinas con diamantes. En 2002, la reina Isabel II se la cedió en perpetuidad a
Camilla Parker Bowles.

Evidentemente,
Kate Middleton no se ha amilanado por el volumen de las joyas que suele ponerse la monarca británica en los eventos de gala. Al contrario. Con una gran inteligencia, ha optado por recurrir al factor sorpresa y rescatar alguna que otra joya con un significado que se sobrepone incluso al valor de la pieza. No le queda más remedio si, como sucedió en la cena de gala en honor del presidente de Corea del Sur, Yoon Suk Yeol, la reina Camilla aparece con la tiara de rubíes de Birmania.

Camilla recurre a la artillería pesada en las cenas de gala

Conocemos la estrategia de Camilla para afirmarse como reina: usar la artillería pesada y súper pesada, en este caso con un vestido rojo que era toda una declaración de intenciones.
La tiara de rubíes, creada en 1973 con piedras que fueron
regalo de bodas de Birmania a Isabel II, difícilmente podía ser combatida a fuerza de quilates, sobre todo acompañada por pendientes y collar de rubíes, regalo del príncipe Alberto a la reina Victoria.

La inteligentísima Kate Middleton optó por irse al extremo contrario y lucir la sencillez. Junto a su ya conocido vestido blanco de Jenny Packham, un diseño adornado en los hombros con un bordado de flores en hilo de oro, eligió una tiara ligerísima que
no se mostraban en público desde hace 90 años: la Strathmore Rose. Fue el regalo de bodas que la Reina Madre recibió de su padre, el conde de Strathmore. No imaginaban que su hija sería, un día, reina consorte con acceso a las más impresionantes tiaras del mundo.

De platino y adornada con motivos florales, la Reina Madre la llevaba en la frente, al estilo de los años veinte, un gesto que probablemente no veremos en este siglo XXI. Kate Middleton dio su particular golpe en la mesa con esta elección, demostrando que
no se resigna a no competir con la reina Camilla, al contrario. Va a rivalizar con ella en cada ocasión que se le presente.

Hasta la fecha, la princesa de Gales solo había lucido tres tiaras. El día de su boda estrenó la tiara Cartier Halo Scroll; luego lució con regularidad la tiara de las flores de loto, una pieza menor que también lució la princesa Margarita; y su favorita absoluta y la que luce habitualmente es la
tiara Cambridge Lover’s Knot, icónica por ser
la que más usó en su días Diana de Gales.

Author: mujerhoy


Elena de los Ríos

Algo chirrió entre Buckingham Palace y Kensington Palace en
el 75 cumpleaños del rey Carlos, poco después de que el monarca presentara su gran plan para evitar el desperdicio de basura en las casa británicas. El príncipe Guillermo ya había desvelado días antes uno de los propósitos de su reinado:
darles techo a los sin techo, construyendo vivienda pública en el terreno que herede de su padre.

El anuncio fue viral a nivel global: un éxito de comunicación absoluto. Por eso sorprendió, y mucho, que el rey Carlos III concediera su primera entrevista tras la coronación a la revista ‘Big Issue’, el equivalente británico de ‘La Farola’, el periódico de los sin techo españoles. Se visibilizó ahí de manera crudísima la
rivalidad que padre e hijo sostienen por el favor popular: sus oficinas no se dan tregua en su
lucha por la influencia y el poder.

No es ninguna tontería. La monarquía británica se la juega en el relevo de la añorada Isabel II. Tanto es así, que esta
rivalidad se traslada multiplicada a
la reina Camilla y Kate Middleton, pues las consortes se miden constantemente en público, con sus vestidos, sus peinados y sus joyas. La guerra eterna en los Windsor se lee, sobre todo, en su competencia.

Kate gana a Camilla todos los duelos de moda

En teoría, la princesa de Gales llevaba todas las de perder en su
previsible guerra con la reina Camilla por la relevancia, al menos en el terreno de las joyas. La monarca tiene la preferencia a la hora de elegir piezas y Kate Middleton ha de quedar necesariamente detrás. No es ningún drama: los looks de la madre de Jorge, Carlota y Luis
son inalcanzables para Parker Bowles, con lo que la inevitable guerra queda compensada.

Si la princesa de Gales barre a la reina Camilla en moda, esta debe
apabullar a su joven sucesora con las joyas. Algo que ha venido logrando en sus últimas cenas de gala gracias a la
acumulación de grandes piezas, las más importantes del joyero de la Corona británica. Su presencia resulta impactante incluso cuando luce la tiara Greville, su favorita y la que más veces se ha puesto.

La imponente tiara de rubíes que la reina Camilla estrenó en la cena de gala en honor al presidente de Corea del Sur, en Buckingham Palace. (FOTO: D.R.)

La imponente tiara de rubíes que la reina Camilla estrenó en la cena de gala en honor al presidente de Corea del Sur, en Buckingham Palace. (FOTO: D.R.)

La imponente tiara de rubíes que la reina Camilla estrenó en la cena de gala en honor al presidente de Corea del Sur, en Buckingham Palace. (FOTO: D.R.)

La tiara Greville puede ser la más regia del joyero real, a excepción de la icónica tiara de diamantes. Legada a la Reina Madre por Margaret Helen Greville, millonaria pero hija de un empresario de la cerveza, tenía ya
tres líneas y media de panel de abeja, pero la reina Isabel ordenó añadirle seis hornacinas con diamantes. En 2002, la reina Isabel II se la cedió en perpetuidad a
Camilla Parker Bowles.

Evidentemente,
Kate Middleton no se ha amilanado por el volumen de las joyas que suele ponerse la monarca británica en los eventos de gala. Al contrario. Con una gran inteligencia, ha optado por recurrir al factor sorpresa y rescatar alguna que otra joya con un significado que se sobrepone incluso al valor de la pieza. No le queda más remedio si, como sucedió en la cena de gala en honor del presidente de Corea del Sur, Yoon Suk Yeol, la reina Camilla aparece con la tiara de rubíes de Birmania.

Camilla recurre a la artillería pesada en las cenas de gala

Conocemos la estrategia de Camilla para afirmarse como reina: usar la artillería pesada y súper pesada, en este caso con un vestido rojo que era toda una declaración de intenciones.
La tiara de rubíes, creada en 1973 con piedras que fueron
regalo de bodas de Birmania a Isabel II, difícilmente podía ser combatida a fuerza de quilates, sobre todo acompañada por pendientes y collar de rubíes, regalo del príncipe Alberto a la reina Victoria.

La inteligentísima Kate Middleton optó por irse al extremo contrario y lucir la sencillez. Junto a su ya conocido vestido blanco de Jenny Packham, un diseño adornado en los hombros con un bordado de flores en hilo de oro, eligió una tiara ligerísima que
no se mostraban en público desde hace 90 años: la Strathmore Rose. Fue el regalo de bodas que la Reina Madre recibió de su padre, el conde de Strathmore. No imaginaban que su hija sería, un día, reina consorte con acceso a las más impresionantes tiaras del mundo.

De platino y adornada con motivos florales, la Reina Madre la llevaba en la frente, al estilo de los años veinte, un gesto que probablemente no veremos en este siglo XXI. Kate Middleton dio su particular golpe en la mesa con esta elección, demostrando que
no se resigna a no competir con la reina Camilla, al contrario. Va a rivalizar con ella en cada ocasión que se le presente.

Hasta la fecha, la princesa de Gales solo había lucido tres tiaras. El día de su boda estrenó la tiara Cartier Halo Scroll; luego lució con regularidad la tiara de las flores de loto, una pieza menor que también lució la princesa Margarita; y su favorita absoluta y la que luce habitualmente es la
tiara Cambridge Lover’s Knot, icónica por ser
la que más usó en su días Diana de Gales.

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